pueriles pasiones alpargateñas

circundando un objeto, tan común como una alpargata, de cuero, tela, con cordones, a colores, blancas, negras, de independiente y las mejores que tienen suela de yute, tan simple y complejo como cualquier objeto. Nuestra búsqueda producirá el desgaste y aplanamiento, incluso abra grietas y un día empezara a desprenderse ese primer bigote, la anticipación de una aniquilación total, aveces acopañada por un olor característico y otras por los hilos de las anteriores costuras decididos a rozar el pizo de manera arbitraria.
La alpargata y su entramado, el calzado y su aniquilación y el viajero que se la deja a sus viejos para que la cuiden pero igual la encuentra rota.
El procedimiento de estas lineas, las posteriores y las que las antecedieron pero ustedes nunca veran, sera el de un lento desgaste, la proliferación de seres y la acumulación y despojo de ciertas cantidades de barro, si se producen grietas mejor y por ultimo sucumviremos en una esfimera hoguera de llamas verdeazuladasfile:///C:/Documents%20and%20Settings/Usuario/Mis%20documentos/Mis%20im%E1genes/fotos%20con%20anita/100_8159.JPG

las orbitas de la mesura


Los míseros micerosos

Muestran misericordia y miman al mecías

Un mecías necio

y mancillado

Mestizo, manso, mortal.

Un moco de mecías!

Un mazo de mecías se despliega en la caverna masónica

Adentrarse más, solo que acompañado

Un primer ingreso con las meseras del abasto o en las mesetas de la Mesopotamia

mesurisacion en escala

y al tono

Mazmorras de mazamorra o mazapán

a quien marsopa marroquí

Macera miseria en tinajas de mesura


Sueño con almejas

Por las noches me despierto entre carcajadas y llantos, con la certeza de haber soñado con almejas.

Con millones de almejas,

Con diminutas y gigantes almejas.

Con coloridas almejas

Imagino su mundo, sueño sus sueños

Sueños de perlas y piratas

Veo hermosas sirenas y ebrios marineros que danzan a la muerte

Veo castillos de cristal y tritones que holgazanean a la sombra de un coral

Veo veloces corceles marinos, que vuelan al ritmo de las mareas

Veo cascos empetrolados, que estrepitosamente se abren paso entre algas y sueños

Veo una única tortuga marina que se sumerge inocente, sin saberse la ultima de su especie

En el momento de carcajada, la almeja que sueña mi sueño robado, es despedazada

Trágico instante, me reconozco hombre y lloro ante la impertinencia de soñar un sueño robado.

Lloro la impertinencia de no soñar como una almeja.

Sobre dichos de fe y escolástica


La fe, un dicho que en tanto decir no se podría, un dicho que en tanto decir se creería. Conjugación de saberes, perorata de alumbrados, trucos y retruques a la luz de una vela. Ciencia y poder se conjugan y recrean lo que la-gente dice que cree , en tanto es capaz de tener fe, o de tenerles fe.

El don de la fe, la posibilidad de creer en lo que los que saben. Los que saben??? Por que estudiaron y rezaron mucho, Estudiaron lo que otros escribieron y rezaron según el protocolo. Dicen que saben que existe, y creen lo que dicen que saben que actúa. Un dicho pronunciado en altares altaneros o en las transparencias de vitrales que debe ser creído, en tanto dicho. Porque sino perderíamos el atributo de la fe, un don, algo que nos da otro sin pedir nada a cambio, una la exigencia de otro que se constituye en tanto creemos que existe.

Las intermitencias de la que siempre acecha, imposibilitan la imposibilidad de la fe, en tanto que hay una brecha entre nuestra vida y no vivir más. En tanto que el lenguaje no puede explicar, más que por artilugios o fabulas. En tanto que el hombre es, hasta que no es. En la medida de ese hueco.

Algo debe decirse. Hay un dicho que remedia dándole sentido no solo a eso que pareciera no tenerlo, sino a todos los otros sinsentidos que muy sabidos y acostumbrados, solo son en la medida que lo que no tiene sentido puede ser dicho y creído.

Nuestra vida, como todas las vidas que se saben tanto, Nace en una fe y evoluciona en otras, desde las más nimias barbaries como las vírgenes, o las complejas especulaciones sobre la objetividad del big bang, pasando por toda una serie e agnosticismos, masonerías, programas de tv, y bets seller.

La incredulidad inocua es poco prospera, dichos y decires renegados en pos de la creencia de un sin sentido, le brinda al avismo un sentido chato, aplastado y grisáceo.

La búsqueda de los colores es un rumbo, menos altanero de altares y mas dichoso de dichos. Se podría buscar una búsqueda, hipotética, pero no deductiva, ni hipotética inductiva, una hipoteticidad introyectiva, en tres tiempos.

Es posibles otros que tres? “Nada existe”, “si algo existiese no podría ser conocido”, “si algo pudiese ser conocido, no podría transmitirse con el lenguaje”[1]. Este buen griego viene a socorrer con palabras la población de los inquietos, de los coloridos, de los dolientes.

“Nada existe”, este juego de mesa tiene tres colores, que se despliegan de manera aleatoria, con repeticiones y alumbramientos. Se empieza por el primero hasta el último, pero al salir se salen o son salidos. Y nos salimos, cuan colores primarios se despliegan, de los que pudiendo ser grises, si inteligencia e inquietud mediante, fermentan purpureos y verdaceas pinceladas de un dicho, mas posible y menos creíble, para cualquiera que no sea el que lo dice.

“Nada existe”, en tanto negación del dicho que debe ser creído, la virtuosidad o erudición de una fe, se niega y el dicho es obviado. La nada escarlata nos saluda, el que se angustia que se aguante, y a no llorar en la iglesia. No fundamento, la incredulidad, donde germina la incógnita que dará cabida a los primeros tintes, que de tanto caminar se adhieren a la suela de los zapatos.

“Si algo existe no se puede conocer”, estadio otro, cambio, baraje. Los colores se perciben, los lavados no destiñen y no se gastan en el normal decir, el dicho se asoma.

Lo propio y la incógnita se aúnan en un indecible que toma textura, en el hipotético de un decir que no puede conocerse, aunque miedo o cobardía mediante, aunque tristeza y búsqueda, aunque felicidad y albedrio. La pervivencia de un sentido que no es un sin sentido, pero tampoco un sentido, de un dicho que no es dicho, ni creído, de un semi decir desconocido, pero que junto al “si” hipotético puede habitar la caverna de nuestros sentidos.

“Si algo pudiera conocerse no podría transmitirse a través del leguaje”; la suerte gira, el contorno se expande, y el momento propicia los dados. No solo caminamos sin destino, es pertinente revolcarse en los espejismos del sentido. Expandirse y contraerse en alfombras, búsquedas otras, cuan veloces zarigüeyas o contemplantes perezosos, encierros de topo o cabriolas de delfín.

Los colores se presentan ya no adheridos, solo brotan, de quien sabe dónde y hacia ningún lugar, pero se estampan y flotan en el cuerpo, y es una fiesta.

La preocupación que agobia al súbdito de la hipotética inductiva, no yace en este valle. Que importa si los jóvenes no se enteran, de una verdad inductiva, de un dicho hipotético pero creíble en tanto no puede ser dicho. El decirlo tacharía las pinceladas, los verde agua y violáceos que alumbran la morada de palabras, del decir de este diciente que no habiéndolo dicho cree que con un “si” hipotético antes puede saberse de eso que perdura, pero no acecha, sino que propicia y es proclive. Un dicho sin decires que sirve para jugar a los dados, o decorar una caverna.


[1] Gorgias, “sobre el no-ser”

Naufragio


Un barco se agrieta, charco de río que ingresa
Las personas simulan tranquilidad, pero comienza una interna sensación de terror
Alineación de estrellas y un madero que enfrenta al colosal enemigo... lo inevitable
Pequeña grieta, presión de agua, fisuras, una gran grieta, derrota real
Un torrente que brota, fuente horizontal, incendio fluvial, los maderos chillan.
Los botes auspician la única salida
Niños con salvavidas, un conejo que flota, una pequeña muchedumbre se arroja
Algunos se ahogan, otros nadan, los que pueden gritan
Bebes huérfanos, madres solas, viudos y viudas a la vera del río
Los caimanes se asoman, su alimento son los cuerpos inertes
Una tumba en el amazonas.

Ensayito de fe y cultura sobre las vertebras de un invertebrado.



Desde pequeño, en una escuela pacata y tradicionalista, no pudiendo ser otra que clerical, descubrí un pesado ejemplar en la biblioteca. Aquel cumulo de lomos coloridos que, lleno de armarios sin puertas, descansa sin ser visado por las uniformadas maestras de una institución que se respeta, como la escuela.
Habitación fascinante. Un casi salón, más libre, más pequeño y a la vez más amplio, de paredes firmes y con bibliotecarias no muy lindas, pero sin techo. Posibilidad de sueños, viajes fantásticos, aventuras, y encuentro.
Descansaba en un anaquel, al que accedí casi por casualidad, casi por juego, casi por desgastar los pesados tiempos ociosos de un repertorio de recreo. En ese minúsculo espacio topologico, estaba depositado el fotocolorido ejemplar. Pocas palabras leídas a la pasada. Pero esas fotos se esparcían a la sombra del recreo e invadían mis fantasías en un tiempo cuando "el discovery" era impensado.
Permanecí en un atril durante los varios recreos de la víspera, tal vez menos, tal vez un único encuentro con la zoología fue suficiente para que no volviera al lugar. Mi memoria si no engaña, entre artificios edípicos y compañerismos colegiales, aclara que varias tardes perduré, en ese banco mesa o alfombra, deslumbrado.
Encontré mamíferos, reptiles, insectos, peces y anfibios. Descubrí peces voladores, mamíferos que sin el halo del vampirismo, también hermosamente agitaban sus extensiones a los vientos. Encontré mamíferos con pico, y reptiles nadadores. Me observe en planicies africanas, investigando dudosos bichos crujientes en mi bolsa. Imagine darwinismos sin saberlo. Creí firmemente en la fiereza del león y desconfié de la maldad de la iguana.
Diversidad y contrastes, multitud de cuerpos, pasiones y un conocimiento, aunque confuso y pueril, novedoso y no rutinario. Aprendí cada foto. Desconfié de los títulos (un niño desconfía hasta inserto en el engañoso tipeo).
Recuerdo la sorpresa, cuando me detuve desconfiado en capitulo de los invertebrados. A modo de titulo aun se entrevé la ya frágil sonoridad de esa lectura. Cómo era posible hallar brillantes, colorido, exuberancia y novedad en tal triste apartado. Sin vertebras, los invertebrados, constituían la mayor gama y porcentaje de vidas, posicionados sobre caparazón o cartílago, sobre esponjosa mucosidad o dudosa aspereza. Cómo? esa gracia, esplendor y canto a la imaginación de un niño, podía depositarse en una palabra tan triste como invertebrado.
Conjugación de conceptos, encuentro de vertebras, o conjunto de huesos alineado que prospera . Posibilidad de un cadáver, extensiones que corren, coyunturas que, de acuerdo a lo encontrado, desprendían alas a lo insospechado.
Ultimo fue este apartado, después de conocer la vida de emplumados, peludos o mojados animales. Luego de arduos intereses, tal vez después de haber convenido con un amigo el encuentro con esa fotografiosa entidad escondida en la hilera. Descubrí por primer instante la posibilidad naufragunda, de seres hermosos y excitantes, pero sostenidos, sin las blancuzcas estructuras que a esa altura conformaban una realidad confortante, sobre la realidad lejana. Desistí, lloré en un hueco. Pero cosa de niños. Salí alegre a correr a la sobra del recreo.