Desde pequeño, en una escuela pacata y tradicionalista, no pudiendo ser otra que clerical, descubrí un pesado ejemplar en la biblioteca. Aquel cumulo de lomos coloridos que, lleno de armarios sin puertas, descansa sin ser visado por las uniformadas maestras de una institución que se respeta, como la escuela.
Habitación fascinante. Un casi salón, más libre, más pequeño y a la vez más amplio, de paredes firmes y con bibliotecarias no muy lindas, pero sin techo. Posibilidad de sueños, viajes fantásticos, aventuras, y encuentro.
Descansaba en un anaquel, al que accedí casi por casualidad, casi por juego, casi por desgastar los pesados tiempos ociosos de un repertorio de recreo. En ese minúsculo espacio topologico, estaba depositado el fotocolorido ejemplar. Pocas palabras leídas a la pasada. Pero esas fotos se esparcían a la sombra del recreo e invadían mis fantasías en un tiempo cuando "el discovery" era impensado.
Permanecí en un atril durante los varios recreos de la víspera, tal vez menos, tal vez un único encuentro con la zoología fue suficiente para que no volviera al lugar. Mi memoria si no engaña, entre artificios edípicos y compañerismos colegiales, aclara que varias tardes perduré, en ese banco mesa o alfombra, deslumbrado.
Encontré mamíferos, reptiles, insectos, peces y anfibios. Descubrí peces voladores, mamíferos que sin el halo del vampirismo, también hermosamente agitaban sus extensiones a los vientos. Encontré mamíferos con pico, y reptiles nadadores. Me observe en planicies africanas, investigando dudosos bichos crujientes en mi bolsa. Imagine darwinismos sin saberlo. Creí firmemente en la fiereza del león y desconfié de la maldad de la iguana.
Diversidad y contrastes, multitud de cuerpos, pasiones y un conocimiento, aunque confuso y pueril, novedoso y no rutinario. Aprendí cada foto. Desconfié de los títulos (un niño desconfía hasta inserto en el engañoso tipeo).
Recuerdo la sorpresa, cuando me detuve desconfiado en capitulo de los invertebrados. A modo de titulo aun se entrevé la ya frágil sonoridad de esa lectura. Cómo era posible hallar brillantes, colorido, exuberancia y novedad en tal triste apartado. Sin vertebras, los invertebrados, constituían la mayor gama y porcentaje de vidas, posicionados sobre caparazón o cartílago, sobre esponjosa mucosidad o dudosa aspereza. Cómo? esa gracia, esplendor y canto a la imaginación de un niño, podía depositarse en una palabra tan triste como invertebrado.
Conjugación de conceptos, encuentro de vertebras, o conjunto de huesos alineado que prospera . Posibilidad de un cadáver, extensiones que corren, coyunturas que, de acuerdo a lo encontrado, desprendían alas a lo insospechado.
Ultimo fue este apartado, después de conocer la vida de emplumados, peludos o mojados animales. Luego de arduos intereses, tal vez después de haber convenido con un amigo el encuentro con esa fotografiosa entidad escondida en la hilera. Descubrí por primer instante la posibilidad naufragunda, de seres hermosos y excitantes, pero sostenidos, sin las blancuzcas estructuras que a esa altura conformaban una realidad confortante, sobre la realidad lejana. Desistí, lloré en un hueco. Pero cosa de niños. Salí alegre a correr a la sobra del recreo.
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